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El Che junto a Aleidita y Camilo, el 24 de mayo de 1963. Foto: Cortesía del Centro de Estudios Ernesto Guevara.Clic en la imagen para ampliar.El Che junto a Aleidita y Camilo, el 24 de mayo de 1963. Foto: Cortesía del Centro de Estudios Ernesto Guevara.Clic en la imagen para ampliar.

Aleida Guevara tenía solo 7 años cuando murió su padre. Era apenas una niña cuando escuchó de su madre aquellas letras en las que el Che se despedía de sus hijos con un triste “si alguna vez tienen que leer esta carta, será porque yo no esté entre ustedes”, y aunque son muy pocos los recuerdos que guarda en su memoria, los escritos, las historias ajenas y los relatos de su madre, la han ayudado a reconstruir al Ernesto Che Guevara padre, al hombre capaz de combinar en su justa dimensión la ternura familiar con sus responsabilidades como revolucionario.

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Foto: El Che junto a Fidel Castro. Clic en las imágenes para ampliar.Tomado de Telesur

El filósofo francés Jean-Paul Sartre lo calificó como “el ser humano más completo de nuestra era”. Cuando se cumplen 49 años de su asesinato, teleSUR presenta cuatro facetas de este insigne argentino, que no solo fue un político y revolucionario destacado, sino también cronista, poeta y padre.

Foto: El Che junto a Fidel Castro. Clic en las imágenes para ampliar.

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«Si queremos expresar cómo aspiramos que sean nuestros combatientes revolucionarios, nuestros militantes, nuestros hombres, debemos decir sin vacilación de ninguna índole: ¡Que sean como el Che! Si queremos expresar cómo queremos que sean los hombres de las futuras generaciones, debemos decir: ¡Que sean como el Che! Si queremos decir cómo deseamos que se eduquen nuestros niños, debemos decir sin vacilación: ¡Queremos que se eduquen en el espíritu del Che! Si queremos un modelo de hombre, un modelo de hombre que no pertenece a este tiempo, un modelo de hombre que pertenece al futuro, ¡de corazón digo que ese modelo sin una sola mancha en su conducta, sin una sola mancha en su actitud, sin una sola mancha en su actuación, ese modelo es el Che! Si queremos expresar cómo deseamos que sean nuestros hijos, debemos decir con todo el corazón de vehementes revolucionarios: ¡Queremos que sean como el Che!»

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Jugar ajedrez a ciegas y mantener más o menos el mismo nivel de juego que mirando el tablero es una proeza. Hay que tener, además de talento y dominio del juego, una memoria prodigiosa. Casi una computadora metida en la cabeza. Y si un ajedrecista es capaz de jugar a ciegas contra varios jugadores simultáneamente, la proeza es mayor.

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