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Diosmel Galano Oliver (Estudiante de Periodismo)

La historia tiene grandes coincidencias, de esas que posibilitan que un mismo día, en diferentes épocas o en geografías distantes varios hechos o personalidades trasciendan. Así nos sonrió el destino el 14 de junio, día que hermanó a dos grandes de la historia cubana y universal: Ernesto Che Guevara y Antonio Maceo Grajales.

El Titán de Bronce ganó con su bravura el respeto de sus adversarios, sus memorables hazañas en los campos cubanos le valieron para ocupar un sitial privilegiado en la memoria de la patria. Sin dudas, su mayor legado nos lo dejó aquel 15 de marzo de 1878, cuando en Mangos de Baraguá rescató la moral de los independentistas cubanos y se opuso a firmar una paz que no ofrecía al pueblo oprimido las garantías por las cuales se había lanzado al combate diez años atrás.
Del Che Guevara son muchas las cosas que podemos decir, aquel argentino que se recibiría como Doctor y que protagonizara un épico viaje por varios países de Latinoamérica y así conocer los desmanes sufridos por los más oprimidos a manos de unos pocos opresores. Desde esa fecha dejó de tener fronteras limitadas, su nación sería la América toda, incluso más allá de sus fronteras, donde quiera que reclamasen el concurso de sus modestos esfuerzos.
Separados en el tiempo ambos compartieron un ideal común, liberar a los cubanos de la opresión a que eran sometidos. Por esta causa superaron problemas personales, pospusieron el amor carnal y fraternal, por ese sentimiento supremo que mueve a los hombres de buena voluntad; dejaron a un lado dificultades físicas y, a pesar de la distancia, compartieron diversos ideales, entre ellos el de oponerse férreamente al imperialismo.
En una ocasión, mientras estaba en Santiago de Cuba, Maceo fue invitado a numerosos lugares, y hallándose en un banquete en su honor, uno de los invitados expresó su creencia de que Cuba llegaría a estar fatalmente anexionada a los Estados Unidos, y Maceo le ripostó de inmediato con una frase concluyente: "Creo, joven, aunque me parece imposible, que éste sería el único caso en el que tal vez estaría yo al lado de los españoles".
Por su parte, durante sus palabras en la Organización de Naciones Unidas en 1964, Ernesto Guevara sentenció: "Nuestros ojos libres hoy son capaces de ver lo que ayer nuestra condición de esclavos coloniales nos impedía observar: que la "civilización occidental" esconde bajo su vistosa fachada un cuadro de hienas y chacales".
El ejemplo de Maceo y Che son faro de las actuales generaciones de cubanos, de los que hoy vivimos el proceso de actualización del modelo económico cubano, con el llamado perenne a contribuir a la continuidad de la Revolución y el perfeccionamiento del Socialismo desde nuestros puestos de estudiantes o trabajadores, desempeñando eficientemente nuestra labor.
Hoy los universitarios de toda la Isla con encontramos inmersos en el VIII Congreso de la Federación Estudiantil Universitaria, cita que marca nuestro compromiso con la obra de la Revolución y sus líderes, siempre aportando nuevas ideas que nos permitan avanzar y enfrentar los embates constantes de los que somos objetos.
Fidel Castro rememoró en una ocasión: "Maceo era ya un personaje legendario cuando el Che vino al mundo. Si uno afirmó que quien intentara apropiarse de Cuba recogería el polvo de su suelo anegado en sangre si no perecía en la lucha, el otro anegó con su sangre el suelo de Bolivia tratando de impedir que el imperio se apoderara de América. Ambos fueron invasores de Oriente a Occidente; ambos murieron en combate; ambos son hoy símbolos insuperables de valor e intransigencia revolucionaria; ambos están ahora junto a nosotros, y nosotros junto a ellos; ambos hicieron lo que todo un pueblo ha jurado estar dispuesto a hacer".

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